El receptáculo del que cuelgan los anacardos es tan carnoso y colorido que se asemeja a un pimiento o una manzana. Este pseudofruto comestible es habitualmente desechado por su sabor astringente, pese a que sus compuestos bioactivos (ácidos orgánicos, fenoles, taninos y aminoácidos) proporcionan beneficios nutricionales y para la salud.
Aprovechar el potencial alimenticio y nutracéutico de la conocida como ‘manzana de marañón’ ha sido el objetivo de la tesis de Carina Gutiérrez Paz , cotutelada por Juan Pablo Fernández Trujillo, de la Universidad Politécnica de Cartagena, y María Soledad Hernández Gómez, de la Universidad Nacional de Colombia.
La investigadora ha desarrollado y testado con consumidores dos productos elaborados con el receptáculo del anacardo: un néctar y una crema de untar, que han registrado una intención de compra superior al 90% y al 60%, respectivamente.
La tesis ha estudiado también los tratamientos tecnológicos que se requieren para conservar estos productos, hallando que el tratamiento con microondas logró una carga microbiológica comparable a la de la pasteurización, con un menor gasto energético y mostrando una relación directa entre la intensidad y la duración del tratamiento y la retención de compuestos bioactivos.
Para lograr que los resultados de esta investigación sobre la valorización del marañón se traduzcan en un impacto real en el sector productivo, la tesis establece una hoja de ruta basada en la innovación tecnológica y la economía circular, e invita a explorar el desarrollo de alimentos nutracéuticos por las propiedades quimiopreventivas, antimutagénicas, cardioprotectoras, probióticas y neuroprotectoras de sus compuestos bioactivos.